Dicen que en la antigua Grecia el número dos simbolizaba la dualidad, la unión de opuestos que se complementan: el día y la noche, el alma y el cuerpo, el tú y el yo. 5,270,400 segundos a tu lado y algo en mí se siente como en casa. Contigo he vuelto a sentir lo bonito que es ser elegida sin tener que esconderme, sin miedo. Amada tal como soy, sin apuro, sin exigencias. Solo tú y yo, en calma. Solo nuestro; suave como un susurro en la madrugada, como un “llegaste” que mi corazón llevaba vidas esperando. Me miras y siento que mi caos tiene sentido. Que mis grietas ya no son defecto, sino un lugar donde florece algo nuevo. Hemos creado un rincón propio en medio del mundo. Uno donde caben tus risas, mis miedos, tus caricias que sanan y mis palabras que a veces tiemblan. Me descubro a mí misma queriéndote con una ternura que me desarma. Con un amor que no grita, pero late fuerte. Que no pide, pero se entrega. A veces me detengo y cierro los ojos. No para pensar en ti, porque y...
Dicen que el hogar nace del fuego, así como el fuego surge del hogar. Desde siempre han sido inseparables, como tú y yo, como nuestro amor. El fuego puede arder con intensidad, pero en un hogar verdadero abriga, ilumina y da vida. Un hogar es el anhelo profundo de sentirse acogido y amado, un espacio donde las barreras desaparecen y las conexiones se tejen, no solo con los demás, sino también con nosotros mismos. Y cuando encontramos el amor, ese equilibrio nos impulsa a crecer juntos, protegiendo nuestra esencia. Contigo, el fuego se convierte en luz, en una llama que ilumina mi camino. Eres el hogar donde mis inquietudes encuentran paz, donde mi alma se siente acogida. A tu lado, descubro que el amor no es solo pasión que arde, sino también refugio, el lugar donde cada emoción encuentra su sitio. El fuego es transformación, fuerza, pasión y renacer. Es la chispa que enciende nuestros sueños, el calor que nos sostiene, la energía que nos impulsa a seguir. En el hogar, el fuego no solo...