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Lo blanco y una máscara

Entradas populares de este blog

Girasoles en diciembre

Algunas historias nos marcan en ciertos momentos del calendario. En el mío, tengo grabada la semana de tu llegada a mi vida. Un 18 de diciembre de 2024, un día que se siente beige: suave y equilibrado, sereno y natural, sencillo y auténtico, pero con una energía sutil, como el sol filtrándose entre las hojas. Tus ojos y tu alma me susurraban curiosidad y cercanía; eras una brisa de primavera envuelta en girasoles, de esas que acarician el alma y dejan una huella imposible de borrar. Desde ese día, tu presencia fue un eco en mi pecho, una pregunta sin respuesta, un abismo infinito que me invitaba a saltar sin miedo. En ese entonces, yo sí tenía miedo. Miedo de mí misma, de todo lo que sentía y no comprendía del todo, como si el amor fuera un idioma desconocido que solo podía aprender a través de ti. Pero el tiempo pasó, y en cada uno de nuestros encuentros fui viendo la luz que iluminaba mi camino, esa que disolvía tinieblas e incertidumbres, hasta que un día, sin darme cuenta, te vi a ...

La promesa de tu nombre

Dicen que los nombres tienen una energía secreta, una vibración que trasciende el simple hecho de ser un sonido. Que en cada letra se esconde una historia que ya estaba escrita mucho antes de que llegáramos a este mundo. El tuyo es como un eco lejano, una melodía suave que mi alma ya reconocía, una promesa sutil que mi corazón había estado esperando sin saberlo. Porque, a veces, los nombres nos llegan antes que las personas. Nos susurran en sueños o se cuelan en la brisa del destino, como un presagio que se queda en el aire, esperando ser descubierto. Y cuando por fin te tengo frente a mí, no puedo evitar sonreír, porque sé que todo esto no es una casualidad.  Tu nombre ya existía, como una promesa antes de convertirse en certeza. Es un nombre que resuena con fuerza y nobleza, un nombre que lleva consigo la promesa de valentía y sabiduría. Proviene de un antiguo origen, que evoca imágenes de un alma libre y decidida, como el viento que se alza sin restricciones ni miedos. En tu nom...

El silencio en la raíz

Darnos cuenta que somos flores es doloroso. Para nacer hay que comenzar ocultos bajo la tierra, como una semilla, a la espera ¿de qué?, de un poco de agua, calor del sol a través del suelo o quizás un milagro. Sacas raíces donde nadie las ve, con todas tus fuerzas, por si somos arrancados de raíz mil veces y quede algo para volver a crecer. De esto se trata la vida, de permitirnos comenzar de nuevo las veces que sea necesarias, aunque eso implique arrancarse las hojas uno mismo, pero mientras tengamos nuestra raíz, llamada alma, nada es imposible.