5,270,400 segundos a tu lado y algo en mí se siente como en casa. Contigo he vuelto a sentir lo bonito que es ser elegida sin tener que esconderme, sin miedo. Amada tal como soy, sin apuro, sin exigencias.
Solo tú y yo, en calma.
Solo nuestro; suave como un susurro en la madrugada, como un “llegaste” que mi corazón llevaba vidas esperando. Me miras y siento que mi caos tiene sentido. Que mis grietas ya no son defecto, sino un lugar donde florece algo nuevo.
Hemos creado un rincón propio en medio del mundo. Uno donde caben tus risas, mis miedos, tus caricias que sanan y mis palabras que a veces tiemblan. Me descubro a mí misma queriéndote con una ternura que me desarma. Con un amor que no grita, pero late fuerte. Que no pide, pero se entrega.
A veces me detengo y cierro los ojos. No para pensar en ti, porque ya estás en todo; sino para agradecerte en silencio. Pido que esto que estamos construyendo se cuide solo, que la vida nos abrace fuerte y no nos suelte. Porque algo en ti me hace bien de una forma que no sé explicar.
A tu lado entiendo que el hogar no siempre tiene techo, a veces tiene ojos. Que hay miradas que no necesitan palabras porque ya lo dicen todo. Nos hablamos sin hablar, nos abrazamos con los ojos. Y en ese silencio compartido, tan nuestro, encuentro paz. La certeza de que no necesito explicarme para que me entiendas, ni esconderme para ser amada.
Contigo, soy. Y eso basta.
Gracias por ser refugio, por ser comienzo, por ser paz.
