Dicen que el hogar nace del fuego, así como el fuego surge del hogar. Desde siempre han sido inseparables, como tú y yo, como nuestro amor. El fuego puede arder con intensidad, pero en un hogar verdadero abriga, ilumina y da vida.
Un hogar es el anhelo profundo de sentirse acogido y amado, un espacio donde las barreras desaparecen y las conexiones se tejen, no solo con los demás, sino también con nosotros mismos. Y cuando encontramos el amor, ese equilibrio nos impulsa a crecer juntos, protegiendo nuestra esencia.
Contigo, el fuego se convierte en luz, en una llama que ilumina mi camino. Eres el hogar donde mis inquietudes encuentran paz, donde mi alma se siente acogida. A tu lado, descubro que el amor no es solo pasión que arde, sino también refugio, el lugar donde cada emoción encuentra su sitio.
El fuego es transformación, fuerza, pasión y renacer. Es la chispa que enciende nuestros sueños, el calor que nos sostiene, la energía que nos impulsa a seguir. En el hogar, el fuego no solo aporta calor, sino que también es un faro de esperanza, una luz en la oscuridad y un refugio en tiempos de incertidumbre. Así es el amor contigo: una llama que no se apaga, que da calor sin consumir, que aviva sin destruir.
Mi hogar es tu risa, que llena el espacio y lo envuelve de vida; tus ojos, que me ofrecen paz, como la orilla del mar que veo en ellos; tu abrazo, que me envuelve con la calidez de quien sabe cuidar. Contigo, cada rincón se transforma en un refugio, y cada instante a tu lado me recuerda quién soy.
Tú eres mi hogar, el lugar al que siempre quiero regresar, donde todo cobra sentido.
Contigo, el amor no es solo un fuego que arde, es un calor que permanece, un latido que me recuerda que siempre quiero volver a ti.
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Para Bairon Marticorena, te amo con una pureza tan grande que ni siquiera las palabras pueden describir lo que siento.
