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Mostrando entradas de febrero, 2025

El visitante de las sombras

Con un sol de verano y una rutina meticulosamente estructurada, mi cuerpo decidió desencajar lo perfecto. Visión borrosa, un temblor recorría mi cuerpo como efecto secundario del tratamiento. Posponía la alarma una y otra vez, aferrándome a la tibieza de mis párpados cerrados, intentando prolongar la calma. Anhelaba despertar en la calma de mi habitación, pero sentía la llegada de un visitante que no toca la puerta, llega cuando quiere y donde menos lo esperas. No importa si el sol brilla o si la noche es tranquila, cuando llega no sigue reglas. Puede encontrarte en medio de una conversación, en un café, en una reunión o en la soledad de tu habitación. No entiende de tiempos ni de lugares, no necesita una razón evidente; a veces, basta con un pensamiento, un recuerdo o incluso el silencio para despertarla. Dicho visitante es conocida como una respuesta natural del cuerpo ante situaciones de estrés, peligro o incertidumbre. Es una sensación de inquietud, miedo o preocupación que puede m...

El silencio en la raíz

Darnos cuenta que somos flores es doloroso. Para nacer hay que comenzar ocultos bajo la tierra, como una semilla, a la espera ¿de qué?, de un poco de agua, calor del sol a través del suelo o quizás un milagro. Sacas raíces donde nadie las ve, con todas tus fuerzas, por si somos arrancados de raíz mil veces y quede algo para volver a crecer. De esto se trata la vida, de permitirnos comenzar de nuevo las veces que sea necesarias, aunque eso implique arrancarse las hojas uno mismo, pero mientras tengamos nuestra raíz, llamada alma, nada es imposible. 

Lo blanco y una máscara

Aquel quinto día del mes era santa Águeda, consagrada y virgen, perseguida y torturada; y yo estoy a las 9 de la mañana esperando la apertura de aquella puerta, en donde no nos conocemos. Ella psiquiatra, yo paciente, solo primer nombre y roles estaban identificados, un lugar en común, su trabajo y mi segunda búsqueda de salvación. Una de ellas carga con el peso de sus sombras y la otra, ofrece un faro de comprensión. No es un lazo de intimidad común, sino una conexión tejida desde la valentía de mostrarse vulnerable y la paciencia de escuchar sin juicio.  Mientras el reloj avanza, pienso en la paradoja de la espera: aquí estoy, buscando salvarme de mis propias sombras, mientras afuera el mundo sigue indiferente. Su mirada me desarma, cargada de un análisis silencioso, mientras asiente con la cabeza, como si ya conociera todas mis movimientos. Quizás de cuantas personas más ha escuchado lo mismo una y otra vez en esta dichosa sala blanca.  "Necesito orientación y ayuda", digo...