Con un sol de verano y una rutina meticulosamente estructurada, mi cuerpo decidió desencajar lo perfecto. Visión borrosa, un temblor recorría mi cuerpo como efecto secundario del tratamiento. Posponía la alarma una y otra vez, aferrándome a la tibieza de mis párpados cerrados, intentando prolongar la calma. Anhelaba despertar en la calma de mi habitación, pero sentía la llegada de un visitante que no toca la puerta, llega cuando quiere y donde menos lo esperas. No importa si el sol brilla o si la noche es tranquila, cuando llega no sigue reglas. Puede encontrarte en medio de una conversación, en un café, en una reunión o en la soledad de tu habitación. No entiende de tiempos ni de lugares, no necesita una razón evidente; a veces, basta con un pensamiento, un recuerdo o incluso el silencio para despertarla. Dicho visitante es conocida como una respuesta natural del cuerpo ante situaciones de estrés, peligro o incertidumbre. Es una sensación de inquietud, miedo o preocupación que puede m...
Donde las palabras renacen, las emociones se abrazan y el alma despierta