Ir al contenido principal

A 50 Centímetros de Ti




Hay fechas que no se pueden olvidar, como cada historia, es importante colocar un momento exacto a cada sentimiento, lugar y personas. En mi caso, es más fácil recordar ciertas semanas, como aquel momento que pensamos que podría ser común y corriente, tu presencia lo hizo todo diferente. Me preguntaste cosas triviales haciendo funcionar mi mente a mil por horas analizando si sería bueno desde el primer instante mostrarme sin máscaras ante tus ojos, pero tus palabras eran hogar junto con la armonía de tu voz; espero que no se me haya notado el júbilo de mi corazón por tenerte a 50 centímetros de mí.

La oscuridad es un refugio cruel, te ciegas por mucho tiempo, una escapatoria, una búsqueda de consuelo errónea como tú, o quizás quería jugar a las escondidas contigo. Quería tantas cosas a tu lado, pero tomé la peor opción para que me vieras, pasando a llevar mi moral, mi estructura, mis principios, y si eso implicaba volver a arroparme con mi traje perfecto hacia la vida por y para ti estaba dispuesta a volver a usarlo. 

Eras mi secreto y quizás yo era el tuyo, pero yo solo quería que estuvieras orgulloso de llevarme de la mano.

En diciembre te vi, y te vi de verdad. Te vi con tus cálidos ojos, con tu despampanante sonrisa, esa que llena espacios, no dices nada y a la vez lo dices todo, quizás tuve que aprender a leerte, quizás eras como todos los libros que decían: "ahí no es". Jamás supe que me atrajo realmente a ti, fui realmente ilusa pensar que podría cambiar la película.

Recuerdo perfectamente de que tu llegada a mi vida fue avisada con 365 días de anticipación, en ese entonces pensaba que eras el compañero esperado, incluso el amor de mi alma, pero solo fuiste una confusión, una gran y terrible confusión. Mi mente sigue dando vueltas en tu mirada persuasiva.}

Te vi, quizás antes de que estuvieras a un instante de mí, incluso me arriesgo a confesar que vi tu alma, tu potencial, la luz que eres y más, vi tanto en ti que estoy segura de que tu no sabes de tu propia existencia. Que risa que tengamos algo en común, aunque eras demasiada oscuridad para mí.
Ha pasado un año desde que te abrí mi corazón un 19 de enero, diciéndote cuando me gustabas, me sentí viva, con ganas de refugiar mi cara en tu cuello y perderme en el tiempo, envolverme en tu aroma junto con tu calor, en un refugio ficticio, que quizás yo inventé para solo tener una excusa y acercarme a ti.

Esa primera mesa compartida nos dijimos tanto que estaba convencida que eras para mí, ¿podría saberlo estando solo 60 segundos a tu lado? Ese primer beso fue lleno de pasión, deseo y penumbra; luz y oscuridad, amor eterno y amor de paso. Una montaña rusa. Hablamos tanto esa noche. Debo reconocer que te engañé al decir que fuéramos honestos. Tu mayor mentira fue ocultarte de todos como siempre lo haces, pensando que yo era la excepción. Mi inexplicable mentira fue decirte que era solo sexo. Yo lo quería todo contigo, quizás una parte de mi alma aún quiere estar a tu lado, pero sentirme vulnerable da más miedo que perderte para siempre.

Todo fue muy rápido, y aunque no fueron más que un par de encuentros, solo bastó con eso para conformarme y fue igual que al principio: nada, simplemente nada. 

El universo, la existencia, la vida misma está rodeada de recuerdos, aunque me enferma que estés en ellos, porque sé que no éramos el uno para el otro. Jamás supe que sentías realmente, y la verdad prefiero quedarme con la duda, dentro del dolor es lo que menos duele, el no saber tu honestidad.

Hoy en día, sigue siendo difícil verte porque, irónicamente, sigues como al principio, a 50 centímetros de mí. Pero me conformaré con tu partida en el mismo instante en que todo comenzó, un verano. Me sigo conformando con una mirada cordial, una sonrisa falsa, lo mismo que le muestras a todos. Incluso el abecedario lo recuerda constantemente, en donde la letra M, como los martes y miércoles, después de medio día y en ocasiones a medianoche mi cuerpo reacciona entre las melodías de la oscuridad. Así como tu letra "M", que sigo esperando al igual que el susurro de tu nombre junto con tu presencia, pero no llegarás, ni tu sonrisa, ni tus cálidos ojos.

Me hubiera gustado contarte que tengo una nueva amiga gracias a ti, escucharla me da consuelo porque sé que existes en algún rincón de mis recuerdos, la escucho y revivo cada recuerdo tuyo, a través de cada fibra, a través de cada lágrima de impotencia por no entenderte ni tenerte, sigo sin poder comprenderte; acepté tu último portazo en la cara un día de marzo y doliste tanto como una vez hace 5 años, que no se si podré amar por un tiempo.

Hoy en día, para dejar de sentir todo esto quiero que te alejes de mí, pero ¿por qué sigues doliendo?, ¿por qué en cada melodía sigues ahí? ¿Por qué sigues llenando mis espacios con oscuridad si yo le tengo miedo?.

Comprendí con cansancio en el alma que eras solo un reflejo de mi propia oscuridad, muchos dirán que fuiste necesario en mi vida para aprender del amor propio, aun sabiendo que yo quería que tú me amaras. Me senté en la oscuridad esperando a que me salvaras con tu luz.

¿Cuándo voy a dejar de ser mi propia salvadora? ¿Podré ser rescatada? ¿Merezco esto? ¿Cuándo podré salir de esta oscuridad si ya no te encuentro en ella? Estoy cansada de no dejarte ir, me duele no tener la fuerza para dejarte ir, me intranquiliza que nuestros ojos sigan chocando, porque lo vuelvo a recordar todo, cada caricia, cada risa entre besos, cada rechazo tuyo y cada intento mío. Me hice la ruda diciendo que el tiempo lo cura todo, pero nadie me dijo que hacerte frente día a día duele más que no tener tu compañía. Me quedé con palabras, planes, momentos y sentimientos en el corazón, tantas cosas hermosas de mí, las cuales te perdiste. Nada de eso era para ti en esta vida.

Al fin y al cabo, me di cuenta que te encuentro en mis sueños cuando estoy en la oscuridad del alma.
Quizás eras solo eso, una atractiva oscuridad. Pero terminaste siendo un cliché, no igual que todos, solo fuiste una historia más de la cual injustamente otra vez no fui elegida.
Pero como dice mi amiga Olivia Rodrigo: I hope you're Happy…


Entradas populares de este blog

Girasoles en diciembre

Algunas historias nos marcan en ciertos momentos del calendario. En el mío, tengo grabada la semana de tu llegada a mi vida. Un 18 de diciembre de 2024, un día que se siente beige: suave y equilibrado, sereno y natural, sencillo y auténtico, pero con una energía sutil, como el sol filtrándose entre las hojas. Tus ojos y tu alma me susurraban curiosidad y cercanía; eras una brisa de primavera envuelta en girasoles, de esas que acarician el alma y dejan una huella imposible de borrar. Desde ese día, tu presencia fue un eco en mi pecho, una pregunta sin respuesta, un abismo infinito que me invitaba a saltar sin miedo. En ese entonces, yo sí tenía miedo. Miedo de mí misma, de todo lo que sentía y no comprendía del todo, como si el amor fuera un idioma desconocido que solo podía aprender a través de ti. Pero el tiempo pasó, y en cada uno de nuestros encuentros fui viendo la luz que iluminaba mi camino, esa que disolvía tinieblas e incertidumbres, hasta que un día, sin darme cuenta, te vi a ...

La promesa de tu nombre

Dicen que los nombres tienen una energía secreta, una vibración que trasciende el simple hecho de ser un sonido. Que en cada letra se esconde una historia que ya estaba escrita mucho antes de que llegáramos a este mundo. El tuyo es como un eco lejano, una melodía suave que mi alma ya reconocía, una promesa sutil que mi corazón había estado esperando sin saberlo. Porque, a veces, los nombres nos llegan antes que las personas. Nos susurran en sueños o se cuelan en la brisa del destino, como un presagio que se queda en el aire, esperando ser descubierto. Y cuando por fin te tengo frente a mí, no puedo evitar sonreír, porque sé que todo esto no es una casualidad.  Tu nombre ya existía, como una promesa antes de convertirse en certeza. Es un nombre que resuena con fuerza y nobleza, un nombre que lleva consigo la promesa de valentía y sabiduría. Proviene de un antiguo origen, que evoca imágenes de un alma libre y decidida, como el viento que se alza sin restricciones ni miedos. En tu nom...

El silencio en la raíz

Darnos cuenta que somos flores es doloroso. Para nacer hay que comenzar ocultos bajo la tierra, como una semilla, a la espera ¿de qué?, de un poco de agua, calor del sol a través del suelo o quizás un milagro. Sacas raíces donde nadie las ve, con todas tus fuerzas, por si somos arrancados de raíz mil veces y quede algo para volver a crecer. De esto se trata la vida, de permitirnos comenzar de nuevo las veces que sea necesarias, aunque eso implique arrancarse las hojas uno mismo, pero mientras tengamos nuestra raíz, llamada alma, nada es imposible.